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      ‘Fueron los Federales’: Matanza de 16 individuos desarmados a manos de la Policía Federal en Michoacán

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      Imagen por Rebecca Blackwell/AP

      México

      ‘Fueron los Federales’: Matanza de 16 individuos desarmados a manos de la Policía Federal en Michoacán

      Por Laura Castellanos

      *En la siguiente historia, la periodista Laura Castellanos reconstruye la masacre de Apatzingán basándose en testimonios grabados de 39 personas — sobrevivientes, pobladores, familiares de víctimas y personal médico, entre otros —, así como en fotografías y videos. Su investigación fue publicada primero en el semanario Proceso, el portal Aristegui Noticias y la cadena de televisión Univision.

      "¡Mátenlos como a perros!", gritaron los policías federales al atacar a tiros a un centenar de miembros y simpatizantes de la unidad policial Fuerza Rural, que estaban acampados frente al Ayuntamiento de Apatzingán, en Michoacán, durante la madrugada del pasado 6 de enero.

      Ninguno de los manifestantes iba armado. Seis de las víctimas habían depositado sus pistolas en el suelo. Los demás blandían palos y ramas arrancados de los limeros, según relataron algunos testigos presenciales, y tal y como revelan las fotografías de este artículo.

      La policía obedeció las órdenes de Nicolás Sierra, más conocido como el Gordo Coruco, líder de la unidad G-250. Hasta ese momento nadie había disparado.

      La unidad había sido creada por Alfonso Castillo, inspector federal de Seguridad en Michoacán. Castillo llevaba ocho meses tras los pasos de Servando "La Tuta" Gómez, líder de la organización Los Caballeros Templarios, que fue arrestado el 27 de febrero.

      'Le dispararon cuando estaba de rodillas, derrotado y desarmado.'

      Sierra era uno de los siete hermanos conocidos como Los Viagra, una familia temida y odiada que había sido acusada de pertenecer al cártel de los Caballeros Templarios y de cometer diversos atropellos. Al mismo tiempo, también eran queridos por los que niegan las acusaciones anteriores. Cinco de los hermanos habían servido en las filas de los grupos de civiles armados que había organizado Castillo en Michoacán.

      Los miembros de Fuerza Rural, trabajadores de los campos de limeros, habían salido a protestar porque 20 días antes Castillo había disuelto los G-250 sin pagarles. Además, los templarios también habían arremetido contra sus negocios. 

      Rubén, miembro de la Fuerza Rural, escuchó los disparos y se cobijó en su camioneta. Entonces un policía federal le gritó: "¡Levanta las manos y ponte de rodillas!". 

      Estaba por obedecer cuando vio, a pocos metros, a otro hombre arrodillado, con los brazos en alto, que estaba siendo encañonado por los uniformados. Acto seguido presenció su ejecución. 

      "Le dispararon mientras estaba de rodillas, rendido y desarmado", dijo Rubén.

      Los declaración grabada de las 39 personas implicadas, revelan que la policía federal atacó y disparó contra civiles desarmados en dos lugares distintos de Apatzingán el 6 de enero.

      Según los testigos, un convoy de la policía federal abrió fuego con ametralladoras M-60 contra los más de una docena de vehículos que transportaban a los guardias rurales y sus familiares, todavía conmocionados por los ataques de la plaza del Ayuntamiento. Los hechos sucedieron a las 7:45 de la mañana en el cruce de la Avenida Constitución y de la calle Plutarco Elías. 

      Castillo era el inspector de más alto rango en Michoacán cuando sucedieron los hechos. Seis días después de los acontecimientos declaró que el balance era de nueve fallecidos: una persona que había sido atropellada por un coche y otras ocho que habían sido víctimas del "fuego cruzado". 

      El caso ha sido reconstruido gracias a los testimonios de 12 de las 44 personas que habían sido detenidas y liberadas después del primer ataque, entre las que se contaban un hombre de negocios, siete supervivientes del segundo ataque -tres de los cuales habían sido hospitalizados-; un representante legal, ocho testigos circunstanciales, ocho familiares de las víctimas, personal del hospital general Ramón Ponce y empleados del Servicio Médico Forense (Semefo).

      Las víctimas exigieron que no se revelaran sus nombres por miedo a represalias. 

      Miembros de la familia Madrigal muertos en el suelo abrazados unos con otros. (Imagen cortesía de un testigo de la masacre).

      El primer ataque

      Días antes de los ataques del 6 de enero en el ayuntamiento de Apatzingán, el grupo G-250 había recibido el chivatazo de un inminente ataque templario contra los acampados, quienes temían que los autoridades les desalojaran. 

      Esa misma noche ya habían tenido un altercado con soldados del regimiento 43 de la Zona Militar de Apatzingán, que entonces se encontraba bajo el mando del general Miguel Ángel Patiño. Los soldados intentaron desmantelar la barricada que el G-250 había levantado en Lomas de Hoyos para impedir la incursión templaria. 

      Por esa razón Sierra se presentó a medianoche en la acampada del ayuntamiento, y ordenó a los rurales que no respondieran a las provocaciones de los militares si no querían ser tratados "como delincuentes". 

      El convoy de la Policía Federal estaba estacionado en las calles traseras del Ayuntamiento. Algunos guardias rurales dormitaban en sus camionetas, otros charlaban en el jardín. 

       Varios testigos dijeron que agentes federales agredieron a una mujer que les advertía desesperadamente que estaba embarazada.

      Los uniformados, la mayoría con el rostro cubierto, otros vestidos de negro, alistaron sus armas largas: Galil calibre 308, Heckler & Koch G3 calibre 7.62 y R-15 calibre 2.23, según un integrante de las Fuerzas Rurales. 

      Los federales asaltaron la plaza. El ataque duró 15 minutos. El metraje de las cámaras de seguridad muestra a decenas de manifestantes desarmados buscando refugio en los bancos de la plaza. 

      Más policías federales entraron y sitiaron la plaza entera. "Algunos de los miembros de la fuerza rural salieron de sus camiones y dijeron que no estaban armados. Los federales les pusieron de rodillas y les ejecutaron", ha declarado un testigo.

      En el aparcamiento colindante al Ayuntamiento los federales abrieron fuego contra las camionetas de los integrantes de Fuerza Rural y apalizaron a sus ocupantes.

      Artemio, uno de los guardias rurales detenidos, observó a los federales golpear a una mujer que les gritaba que estaba embarazada. "Ellos le decían: ¡Cállate, hija de tu puta madre o te vamos a matar! 

      Le dieron patadas y cachetadas y la arrastraron una tienda cercana, declaró.

      Muchos civiles detenidos fueron apaleados y despojados de sus pertenencias. Artemio comprobó que muchos de ellos no salían vivos: "Escuchábamos a gente llorar; a mujeres y a niños gritar de dolor. Entonces oímos disparos y las voces se silenciaron. 

      Artemio también presenció el momento en que la policía federal cargó a 11 personas en un camión y se las llevó. Momentos después, un mando federal le preguntó a un subordinado: "¿dónde está el camión que he pedido?"

      "Ya vino y se llevó a las 11 personas que habías ordenado", respondió.

      El sargento, enfadado, le gritó: "¡Hijo de tu pinche madre! ¡¿No te dije que era para estos pendejos?!", y señaló a los detenidos.

      Artemio y el resto de detenidos fueron trasladados a la delegación del ministerio Público de Morelia, y de ahí a una prisión en Tepic, Nayarit. Claro que eso no pasó con las 11 personas subidas al camión. "Nunca aparecieron detenidas en Morelia ni en la prisión de Nayarit", dijo Artemio. 

      Los que sí aparecieron en la cárcel fueron un comerciante y su hijo, a quienes los agentes de la PF detuvieron en una tienda colindante. El comerciante declaró que fue arrestado junto a "dos taxistas, un albañil, un vendedor de periódicos y un trabajador de este".

      Según cuentan los vecinos, otros civiles cruzaron el jardín y se escondieron en la azotea del edificio Béjar, de donde los policías los bajaron a punta de pistola. Sierra y otro vecino observaron más de 10 cadáveres tendidos por la zona, aunque lo cierto es que el primer ataque dejó un número indeterminado de muertos y heridos.

       "Algunos estaban heridos y otros no se movían", comentó el vecino. 

      Funeral de una de las víctimas de la masacre de Apatzingán. (Imagen por Rebecca Blackwell/AP)

      El equipo de rescate

      Al día siguiente amaneció gris. El único rastro de la noche anterior eran las manchas de sangre en el pavimento y en las paredes del Ayuntamiento.

      A las 7 y 20 de la mañana, los federales se llevaron los vehículos abandonados de los manifestantes de la avenida Constitución.

      Mientras, los supervivientes, los familiares de los detenidos, y los jóvenes jornaleros que habían llegado para ayudar, se reagruparon en la rotonda de Apatzingán, cerca de la salida de la ciudad de Chandio. Alguien les había informado de que una caravana de la PF iba a salir de la plaza. Alguien más les dijo en su interior viajaban sus compañeros detenidos, entre ellos algunos heridos que suplicaban ayuda a gritos.

      Los testigos cuentan que personas de distintas edades, armadas con palos, se subieron a sus camionetas y trataron de interceptar la caravana de la PF con intención de liberar a sus colegas.

      Un vecino presenció cómo los civiles interceptaban el convoy cerca del cruce de Constitución y Plutarco Elías Calles. Según él los civiles descendieron "muy enojados, con palos, aunque sin armas, y destrozaron las ventanas del último de los furgones del convoy, en busca de sus camaradas".

      "Ahora vais a pringar", proclamó un policía.

      'Fue muy triste, parecía como si se estuvieran consolando. Estaban vivos y se abrazaban'.

      Los federales abrieron fuego con sus ametralladoras M-60, un tipo de armamento tradicionalmente empleado para dinamitar los vehículos blindados que, a menudo, usa el crimen organizado.

      El tiroteo duró 20 minutos y detuvo el avance de los civiles. Una camioneta blanca que transportaba a siete jóvenes armados con palos, entre los que se contaba un menor de dieciséis años, iba al frente. Les seguía una camioneta negra cuyo propietario es Miguel Madrigal, uno de los miembros de Los Viagra en Apatzingán, que viajaba con su familia.

      Se declaró un fuego cruzado entre ambos vehículos. Un vecino observó desde su ventana cómo cuatro jóvenes buscaban refugio en la parte trasera de sus camionetas. La policía federal les disparó, una a uno, mientras lo hacían.

      Sus agentes gritaban: "¡Matadles!, ¡Matadles!", según ha contado el vecino. "Vi a tres personas tiradas y una se movía, pero nadie ni les ayudaba ni nada", aseguró.

      La PF no pidió ambulancias pese a que en la misma avenida Constitución, a un kilómetro, está el Hospital General Ramón Ponce.

      Una vecina observó desde su ventana cómo tres jóvenes heridos se desangraban durante casi una hora. "Fue muy triste, parecía como si se estuvieran consolando. Estaban vivos y se abrazaban", dice.

      Un video en YouTube muestra cómo un joven rodeado de dos de sus compañeros cubiertos por sendos charcos de sangre, muertos, mueve el brazo penosamente, sin ser auxiliado.

      'Estoy con mujeres y niños'

      Ahora era el turno de la familia. La camioneta de los Madrigal se quedó detenida en una las esquinas del cruce de Plutarco y Constitución. Miguel Madrigal descendió con la camiseta levantada para probar que estaba desarmado, pero también le dispararon.

      En una grabación de la radiotransmisión del grupo de casi tres horas, se escucha a Madrigal suplicar ayuda: "¡No dejan de disparar! ¡Solo llevo palos y estoy con mujeres y niños!"

      Un vecino de la calle Plutarco Elías Calles vio cómo el hijo de Madrigal intentaba contraatacar con una pistola. "Apenas disparó unas cinco o seis veces", comenta. "Su detonación era insignificante ante las poderosas descargas de los rifles de asalto. No obstante, hirió a un federal".

      El ataque provocó que la familia se hacinara sobre el pavimento. Los adultos intentaban proteger con sus cuerpos a los pequeños. El vecino presenció la escena durante 20 minutos: "Las niñas gritaban: '¡No nos disparéis, estamos desarmados!' Y luego lloraban y gritaban".

      Los policías federales se acercaron a la familia que estaba tirada en el suelo:

      "Llegaron unos ocho o diez y les dispararon de nuevo", dijo un vecino. ¡Los masacraron! ¡Los hicieron pedazos!"

      Los miembros de la familia Madrigal murieron abrazados los unos a los otros, con múltiples orificios de bala, sobre sus palos y pedazos de carne hecha jirones. La cabeza de Madrigal había sido reventada de un balazo. 

      Más asesinatos

      "Los federales se dirigieron entonces a las camionetas cargadas con civiles y continuaron con las ejecuciones", dijo un testigo que iba en bicicleta.

      "Los federales bajaron a los civiles de las camionetas, les pusieron de rodillas con las manos en alto y empezaron a dispararles".

      Un puñado de guardias rurales intentó rescatar a la gente atrincherada en el fuego cruzado. Sacaron a un muchacho con un balazo en el pecho, que se había refugiado en un restaurante. Un video de 15 segundos muestra al joven en el suelo, con la camiseta ensangrentada, que extiende los brazos para que lo levanten y trasladen a una camioneta.

      'Los federales no permitieron trasladar a los heridos, aún cuando ni siquiera estaban técnicamente detenidos'.

      Los rurales dejaron a este joven y a otro más con la rodilla despedazada en la entrada del hospital. Ni advirtieron a nadie ni entraron en el lugar. Uno de los civiles implicados en el rescate confesó que: "Quizá cayeran en las manos de los federales". Se ignora su destino.

      Una vez hubo terminado el tiroteo, uno de los supervivientes declaró que los policías federales alteraron la escena del crimen en la que yacían los cadáveres de la camioneta blanca. "Las armas que aparecen ahí las pusieron los federales", cuenta.

      Cuatro personas fueron hospitalizadas en el Ramón Ponce. Uno era un muchacho de 18 años con la pelvis, la vejiga y el recto destrozados. Lo operaron de urgencia. Las heridas eran boquetes. A través de una de ellos, los médicos palparon su columna vertebral hecha añicos.

      Otro de los heridos tenía 17 años. Llegó con el abdomen y la cabeza tiroteados. Un miembro del hospital declaró que: "había recibido un tiro de gracia que le dañó el cerebro y le dejó marcas de pólvora chamuscada en la piel".

      A las 13:00 horas el director del hospital, Carlos Torres Vega, intentó trasladar a los heridos a Morelia. La PF se lo impidió.

      "Los federales no permitieron trasladar a los heridos, aún cuando ni siquiera estaban técnicamente detenidos", le contó Torres a la periodista.

      La autorización no llegó hasta siete horas después. Trasladaron primero al herido de la pelvis, pero debido a la espera "se desangró y llegó muerto al hospital".

      Tras los dos ataques, los familiares de las víctimas empezaron a buscar a los suyos. 

      'Unas mujeres entraron llorando, gritando que sus hijas estaban heridas y que no las encontraban'.

      El personal del hospital declaró que algunas madres entraron en sus instalaciones en busca de sus hijas, que habían sido heridas y presumiblemente secuestradas por los federales.

      "Unas mujeres entraron llorando, gritando que sus hijas estaban heridas y no las encontraban", dijo un miembro del personal del hospital.

      Ninguno de los cadáveres fue trasladado a la oficina del médico forense (Semefo) de Apatzingán, y un trabajador aseguró que tenía instrucciones de no llevar los cuerpos a sus instalaciones.

      Tres certificados de defunción prueban el traslado de los cadáveres a otras ciudades. Uno es el de Luis Alberto Lara Belmonte, de 20 años, que murió por "laceración en ambos pulmones y traumatismo torácico", y que fue trasladado al Semefo de la ciudad de Lázaro Cárdenas. El segundo, Luis Gerardo Barajas Rodríguez, de 18 años, murió "por múltiples orificios de arma de fuego en el abdomen". Fue trasladado a Zamora. El tercero es el de Guillermo Gallegos Madrigal, de 20 años, que falleció a consecuencia "de un proyectil de arma de fuego en el cráneo". Fue trasladado al Semefo de Morelia.

      Alfredo Castillo, izquierda, fue destituido como Comisionado Federal para la Seguridad en Michoacán el 22 de enero. (Imagen por Eduardo Verdugo/AP)

      La explicación de Castillo

      El 12 de enero Castillo aseguró en conferencia de prensa que la madrugada del día 6, un grupo de hombres armados que habían tomado el Ayuntamiento de Apatzingán había sido desalojado. Dijo que nueve personas murieron en el tiroteo.

      44 personas fueron detenidas por asociación delictiva y posesión de armas de fuego: se incautaron 13 armas pesadas y una granada. Castillo aseguró que un hombre había sido atropellado.

      Los rurales, por su parte, afirman que de los 44 detenidos, 25 eran del G-250 y 19 eran personas ajenas a la protesta, entre ellas la mujer embarazada y una muchacha con retraso mental.

      El 14 de enero el juez de Uruapan Jorge Wong Aceituno ordenó la "liberación inmediata", por falta de evidencias, de 43 de los detenidos.

      A estos se les absuelve de los delitos de "posesión de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército, la Armada o de las Fuerzas Aéreas" y de "asociación delictiva".

      Sólo un integrante de la Fuerza Rural, que estaba de guardia lejos del lugar de los hechos y acudió en apoyo de su grupo con su arma, sigue preso y está en proceso de ser liberado.

      Respecto al segundo ataque, Castillo agregó que a las 7:45 horas, un grupo de hombres armados tendió una emboscada a una caravana de la Policía Federal con el objetivo de liberar a los vehículos interceptados. Hubo ocho muertos por "fuego amigo" disparado desde una camioneta roja. Negó que hubiera ejecuciones ilegales.

      El 22 de enero Castillo fue reemplazado por el general Felipe Gurrola.

      Al comandante Fausto Arenas de la PF de Apatzingán, se le destinó a Guerrero.

      Algunas horas antes de que se publicara esta investigación, el gobierno federal anunció que, después de haber recibido metraje anónimo de vídeo, contemplará un posible "uso excesivo de fuerza" por parte de la policía federal en Apatzingán. En cualquier caso no especificaron si dicha investigación será conducida a la luz de los acontecimientos del 6 de enero.

      A día de hoy sigue sin modificarse la versión oficial y sin abrirse una investigación del caso.La reportera solicitó a Castillo una entrevista. No hubo respuesta.

      Sigue a  Laura Castellanos en Twitter @lcastellanosmx.

      Temas: méxico, américas, michoacán, caballeros templarios, violencia policial, cárteles de la droga, apatzingán, policía federal, policía rural, los viagras, vigilantes, alfredo castillo, miguel madrigal, masacre, narcoguerra

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